Mi amigo el hacker

Tres: la puerta

Noviembre 4, 2007 · Dejar un comentario

Mi amigo ha perfeccionado su sistema. Me pide otra cita. Yo estoy remiso a concedérsela, por si vuelve a repetirse un desenlace parecido.

-No lo dudes vas a ser beneficiado con ello. He descubierto la manera de entrar en ciertos sistemas insulares que pueden enriquecerte. Yo me conformo con la gloria del hacker. Tú tendrás tu ínsula.

La verdad es que no me vendría nada mal beneficiarme. El sueldo no me llega ni a mitad de mes.

Nos vemos en mi casa.

-La clave está en este programa. Lo he modificado, ¿sabes? Se conecta a la red produciendo el contacto de las dos realidades en el espacio intermedio.

Mi amigo utiliza su microordenador conectado con el mío y, ambos, a Internet. Entramos y visualizamos su espacio virtual por el programa Soft-Quijano. Comienza el encantamiento y nuestra primera salida al ciberespacio.

-Hemos de localizar la puerta en el mundo virtual para encontrarla en el mundo real: la puerta que une ambos mundos. Una vez localizada regresaremos a la realidad real estando todavía en la virtual y nos situaremos en el espacio intermedio.

Y a pesar de mi escepticismo la encuentra.

-Me derramo, disuelvo, abandono el cuerpo, me evado, huyo de la carne. Ahora sabemos dónde se encuentra la puerta en el mundo real. La puerta según mi programa se encuentra en Portazgo, Vallecas. Debí adivinarlo: Portazgo, es decir puerta de Azgo, que no sé quien será, seguro el nombre secreto de algún pope del metaverso. Pues, vamos, ligeros y con la mente clara, hacia ella.

Me dejo llevar ilusionado con las ínsulas y tesoros que me promete, si bien a pesar de la ligereza y claridad mental de mi amigo yo sigo siendo pesado como un tanque y cegato para el metaverso como una lombriz.

Ya en la calle visionamos un grupo de adolescentes que según mi amigo forman parte de la corporación multinacional enemiga que controla la puerta, es decir, los guardianes. Se trata según yo veo de unos chavalotes de barrio que al divisarnos nos saludan.

-Eh, carrozas… dónde vais.

-Cuidado –me avisa mi amigo.- No caigas en su juego, son peligrosos orcos: no ves como hieden y gruñen y sus palabras son burdas e ininteligibles.

Imposible resistirse. Me han sacado una navaja y me piden las pelas. Se las entrego sin dilación. Sin embargo, mi amigo vocifera a voz en grito:

-¡Virtualidades y encantamientos a mí! ¡No conseguiréis vuestro propósito orcos del infierno! ¡Doblegaré vuestras pestilentes oscuridades con mi espada de luminosos bits!

Y comienza a patalear y a moverse bastante torpemente, como si dominara todas las artes marciales del mundo.

Los chavales se descojonan y el más bruto le propina una patada en sus partes que lo deja tieso al instante. Luego, se van con su botín, riéndose todavía.

-¿Qué tal te encuentras, te duele, amigo?

-El cuerpo no lo es todo, la mente es lo que cuenta.

Levanto a mi amigo que no cesa de decir:

-Hemos perdido una batalla, pero ganaremos la guerra.

Categorías: tres

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